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1984: Amanecer 84

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Amor de mujer Autores: Camilo Blanes / Camilo Blanes - Sergio Fachelli Arreglos: I. Raymond Productor: Camilo Sesto Álbum: Amanecer '84 Año: 1983 Amor de mujer es como un juego de azar, te da la buena suerte o te la puede quitar. Amor de mujer, a veces fuego y a veces hielo salvaje y tierno mezcla de infierno y cielo No me digas adiós jamás no te quiero perder, jamás, jamás No me digas adiós jamás No me dejes de amar. Amor de Mujer cara y cruz de muchas vidas, corazón de altos vuelos y duras caídas. Así es la vida Autores: Camilo Blanes / Camilo Blanes - Sergio Fachelli Arreglos: I. Raymond Productor: Camilo Sesto Álbum: Amanecer '84 Año: 1983 Envidias celos y rencores, aciertos y errores son cómplices fieles del amor. Costumbres dudas e incertidumbres triunfos y fracasos son pasos que el alma baila con el amor. Así es la vida que aunque duela hay que sonreír así es la vida que nos ha tocado compartir así es la vida desde el principio hasta el fin. La Vida es así. Caricias, ver...

Prólogo

Una noche, en alguna parte del mundo, te vuelves a mirarte en el espejo de un camerino que nunca puede ser tu propia casa, y contemplas tus ojos desconcertados e hinchados por la fatiga. “¿Qué estás haciendo aquí?” “¿Por qué haces lo que haces y no otra cosa?” “¿Quién eres realmente tú?” . Al otro lado de la puerta todavía se agita una multitud fervorosa que te ha estado escuchando durante dos horas, aún aplaude al escenario vacío, espera que regreses y que le entregues lo que te queda de ti. Alguien te dice muy nervioso que los servicios de seguridad apenas pueden contener a un grupo que pretende asaltar el camerino el camerino y te ruega que salgas hacia el automóvil que está esperándote ante una puerta lateral y secreta. Sin cambiarte de ropa, sin secarte el sudor, sin probar un sorbo de agua. Pero debe ser pronto, inmediatamente, antes de que resulte demasiado tarde. Porque a veces, y con frecuencia, el afecto es peligroso. A veces la pasión hiere. Pero ha bastado esa mirada fug...

Capítulo 1. Mamá, tengo hambre!

La primera lengua que yo aprendí fue el valenciano. Y el primer recuerdo que conservo recuerdo que conservo pegado a la memoria no es un recuerdo de vida, sino de muerte. Mi madre, mi mama, el confuso dolor y las ganas de comer. Eso es todo. Antes de los tres años debieron de ocurrirme grandes cosas y especialmente he sentido siempre la misteriosa ternura y el amor que me rodearon desde que nací como un manto cálido y seguro, algo de lo que la vida, para mi fortuna, no ha querido despojarme nunca. Sin embargo, recuerdo solo las lágrimas de mi madre y de mi hermana, una sombra de dolor, el hambre. Me parece injusto, pero nadie puede alterar su memoria. Naturalmente, se han borrado los perfiles y los detalles. ¿Qué ocurrió? Estaba muy enfermo, los médicos no descubrían lo que me estaba pasando, todo el mundo en la casa pensaba que iba a morirme lo mismo que una hermanita nacida seis años antes que yo: Mari Carmen, desaparecida a los veinte meses. La fiebre me tenía postrado e inerte. ...

Capítulo 2. Detrás de la cortina

Quizá yo intenté demasiado pronto poner en práctica ese convencimiento de que la vida es hermosa cuando la gente se ama...La verdad es que el ambiente familiar de mi infancia me impulsaba a ello. Quienes no ha tenido tanta fortuna pensarán que hay algo de injusticia en todo esto y yo mismo lo pienso a veces; no injusticia en el hecho de que yo haya sido un niño feliz, sino en el hecho de que no todos los niños hayan sido o sean felices. Frecuentemente en mis viajes, especialmente por el interior de México y en América del Sur, aunque también en España, he encontrado esos rostros desolados de niños, esos ojos tristes y vacíos que gritaban su incomprensión ante una desdicha evidentemente injusta. “El que no hay razón que le condene a andar sin manta”, como dice Horacio Guaraní, con débil gramática, en su canción Si se calla el canto, que yo grabé en 1973. en esos momentos me daba rabia de haber sido tan afortunado, especialmente en mis primeros años. Luego uno se va labrando su dicha o s...

Capítulo 3. El arte de la fuga

A media mañana, el maestro del colegio “ Cervantes” se levantaba casi de un salto y gritaba, más como una amenaza que como una invitación: -¡ Al recreo! Sabíamos todo lo que debíamos hacer. Yo sabía también que en unos minutos más tarde iba a tener otra oportunidad de fugarme. Pero el recuerdo más nítido que tengo de aquel colegio es que cada día quería escaparme de él. En realidad, ese deseo ha sido una especie de obsesión durante los aproximadamente diez años que duró mi educación oficial en distintos centro de Alcoy. El primero que recogió mis frágiles huesos de dos o tres años fue el “ Colegio del Pilar”, quizás una guardería, y lo único de él recuerdo es que no quería entrar. Como la mayor parte de los días no tenía mas remedio que hacerlo, el segundo recuerdo es que sólo deseaba escaparme. Por eso la orden de recreo en el “Colegio Nacional Cervantes” me sonaba como una velada invitación a intentar de nuevo una fuga. Pero el maestro me conocía bien. Nos poníamos todos en fila indi...

Capítulo 4. Que sea como tú

La construcción de un hombre es tarea larga y compleja que dura toda la vida. Y como en el caso de los edificios, el éxito de esa construcción depende sobre todo del arquitecto que imaginó los planos y de los ingenieros que pusieron los cimientos. No voy a caer en la pretensión de meterme en camisa de once varas, que psicólogos y pedagogos han escrito ya sobre el asunto para dar u tomar; sólo estaba refiriéndome a mi experiencia personal. Voy repasando pequeñas historias, anécdotas minúsculas, el difuso tejido de mi infancia y siempre aparece la misma trama querida: mi madre fue también más intensa, pero quizás un poco más tarde, en la adolescencia; sin embargo, mi madre y Chelo me han ido acompañando siempre como dos luces imprescindibles. No descubro un solo rincón de mi niñez del que ellas dos estén ausentes. Tal vez porque teníamos intereses distintos, por la diferencia de edad –especialmente con el mayor- y porque siempre me sentí el preferido en mi casa, la relación con mis dos h...

Capítulo 5. ¡¡¡ Auxilio Camilo !!!

Cuando nos levantamos aquella mañana no sabíamos en dónde poner el cuerpo. Era ya tarde, más de las diez. Para un niño de nueve años, tan enamorado como yo del movimiento y de la vida que pasaba a mi alrededor, el último día del colegio era siempre como un enorme portón de acero a través del cual no se veía nada. Quiero decir que no sólo no echaba de menos las clases y los profesores, sino que incluso sentía en alguna esquina del alma que todo aquello no existía. Y no porque lo odiase; sencillamente no pensaba en ello, el colegio se había volatilizado. De modo que cada mañana era una alegría nueva, incluso una mañana como aquella en que el calor levantino pesaba como una piedra. ¿ Era sábado tal vez?. Las chicharras atronaban por todas partes, el sol parecía pegado en el suelo como una hoguera infinita. A los ocho años y en esas circunstancias sólo piensa uno en resolver los problemas que siente en su piel. Imagino que desayuné más o menos como todos los días, que mi madre me dio un be...